El Salvador enseña a una mujer samaritana

Juan 4:5–29

5Llegó, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta.

7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar algo de comer.)

9Y la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.

11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

12Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, y sus hijos y sus ganados?

13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed;

14mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.

15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga acá a sacarla.

16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá.

17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido,

18porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.

20Nuestros padres adoraron en este monte, pero vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.

21Jesús le dijo: Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos.

23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre busca a tales para que le adoren.

24Dios es Espíritu; y los que le adoran, es necesario que le adoren en espíritu y en verdad.

25Le dijo la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual es llamado el Cristo; cuando él venga, nos declarará todas las cosas.

26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

27Y en esto vinieron sus discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer; pero ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o ¿Qué hablas con ella?

28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad y dijo a los hombres:

29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?

Ver Juan 4

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